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"Las Crónicas de Narnia" Volumen 5 El Caballo y su Niño La aventura de un caballo
que habla y de un niño perdido que quieren llegar a Narnia. Un
viaje que es una huida y, como tal, está lleno de peligros, de
temores, de incógnitas y de heroísmo. Gracias a Cotolín que me hizo y mandó este resumen. ¡Te pasaste!
Él había crecido en una caleta al sur del país de Calormen, en la cual vivía con un pescador llamado Arshish a quien llamaba padre. Mas, este último no se comportaba como un buen padre, pues, siempre encontraba algo para culparlo y hasta le pegaba, ya que, tenía mucho trabajo que hacer allí como zurcir, cocinar y limpiar la cabaña en la que vivían. Shasta no sentía mucha curiosidad por nada que estuviese al sur de su casa. En cambio, el norte si que le interesaba, porque no conocía a nadie que hubiese viajado hacia allá y a él, tampoco, se lo permitían. Pensaba que su padre quería ocultarle lo que se encontraba allí, sin embargo, el pescador lo ignoraba por completo y no le importaba. Un día, llegó del sur un desconocido muy diferente a todas las personas que había visto. Aquel hombre era un Tarkaan o gran señor y tenía intenciones de comprar al niño. Shasta se enteró de aquello y de que no era, realmente, hijo del pescador, motivo por el que se sintió aliviado, pues, no le quería como lo debía hacer un hijo y creía que el Tarkaan lo trataría mejor. En eso, se acercó al caballo del Tarkaan y, mientras se preguntaba en voz alta que tipo de hombre sería su futuro señor, escuchó al animal hablarle. Adivinen de dónde era el caballo. Claramente, era un narniano, pero Shasta no lo sabía y nunca había escuchado hablar a un animal. Éste había sido capturado cuando solo era un potrillo. Ahora, pretendía escapar y le daba la oportunidad al niño de hacerlo junto a él, pues, el Tarkaan no era un hombre bueno. Esa misma noche, escaparon con mucho cuidado rumbo al norte. “Todo lo que Shasta conocía, se perdió de vista en la gris oscuridad de la noche de verano...”
Recorrieron un largo camino para llegar a
la ciudad de Tashbaan. En esos días, mientras eran perseguidos por un león, se
encontraron con una yegua narniana montada por una niña taarkena, quienes
también huían hacia Narnia. La niña se llamaba Aravis y había decidido huir
debido a que estaba comprometida para casarse son un anciano y horrible Taarkan.
Después de relatar su historia decidieron continuar el viaje los cuatro juntos,
pese a que Aravis no se llevaba muy bien con Shasta. Pronto llegaron a la gran
ciudad. Una vez adentro, fingieron ser pobres para no llamar la atención. Sin
embargo, cuando Shasta tuvo su primer encuentro con narnianos, las cosas no
salieron como esperaban. De repente, se abrió paso una escolta de narnianos que
acompañaban al rey Edmundo y a la reina Susana que visitaban Calormen.
Mientras todo esto ocurría, Aravis fue
reconocida por una amiga tarkeena en la ciudad, Lasaralín, la que la hizo subir
a su litera e ir con ella hacia su casa. Aravis le cuenta que huyó y le pide
ayuda. La muchacha decide ayudarla y le ofrece llevarla al palacio del Tisroc de
donde podrá salir de la ciudad, pues, el jardín aquel lugar daba al río y así no
tendría que cruzar las puertas para no se vista. Cuando ya estaban dentro y se
dirigían hacia una compuerta para salir, oyeron voces y se ocultaron en una
habitación. Para su mala suerte, entró el Tisroc junto a Rabadash y el visir.
Ellos comenzaron a planear atacar la ciudad de Archenland para luego caer sobre
Narnia y raptar a la reina Susana. Una vez que se marcharon, Aravis llevó a cabo
su plan para poder escapar de la ciudad. Entretanto, los caballos, que fueron
llevados a casa de Lasaralín, debían esperar a Shasta en las Tumbas, por lo que
un esclavo los llevó hasta allá. Aravis llegó hasta allá en una canoa y los
cuatro al fin se reunieron y emprendieron su camino a través del desierto por la
ruta que escuchara Shasta. Ahora, iban preocupados de demorarse lo menos
posible, ya que debían advertir del ataque a Archendland. Una vez que cruzaron
el duro desierto y caminaban por un verde paisaje, se dieron cuenta de que el
ejercito de Rabadash estaba cerca, por lo que corrieron apresuradamente. De
pronto escucharon un ruido distinto al que esperaban de cascos y armaduras que
venían atrás de ellos, sino un gruñido que Shasta pudo reconocer, al igual que
Bri, quien corrió más veloz por el miedo. Un león los venía persiguiendo.
Adelante de ellos había un muro verde con una puerta abierta y allí un hombre
alto, vestido con una larga túnica, los pies descalzos y una larga barba hasta
las rodillas. Mientras Shasta veía esto rápidamente, el león ya había alcanzado
a Juin y tiraba mordiscos en sus patas traseras. Shasta saltó del caballo para
ayudar a Aravis. En eso, el león lanzó un arañazo a Aravis, quien dio un grito
mientras el león seguía rasguñando su espalda. Shasta le gritó que se fuera y,
de pronto, el león escapó. Los caballos cruzaron la puerta de la muralla junto
con Aravis.
Cor y Aravis se casan una vez grandes y los caballos encontraron compañía en Narnia con quienes formaron sus respectivas familias.
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