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"Las Crónicas de Narnia" Volumen 4 La Silla de Plata Una nueva aventura
en el maravilloso y mágico mundo de Narnia. Esta vez son
Eustaquio y Jill quienes, guiados por Aslan, deben buscar al
príncipe Rilan. Acompañados por Barroquejón, el Renacuajo del
Pantano, los niños llegarán al tenebroso Reino de Balotierra,
cuya reina es la más diabólica de las brujas.
Estaban en un gran prado, y luego de recorrer un poco encontraron un acantilado. Jill se hizo la valiente y Eustaquio trató de sacala de ahí, pero al intentarlo él se cayó. Antes que Jill se diera cuenta de que había pasado, un león se acercó y sopló hacia abajo. Luego el león se marchó. Jill se echó a llorar, y cuando terminó le dio sed y buscó un arroyo, pero en él estaba el león. El león le dijo que bebiera, y ella, dudosa, se acercó. El león le pidió que contara que había pasado. Ella le contó la verdad y él le dijo que Eustaquio estaba a salvo en Narnia, y que él los había llamado para cumplir una tarea. Le dijo que tenían que buscar a un Príncipe perdido y le dio 4 señales: Comunicarse con la persona que Eustaquio encontrara conocida, ir al norte hasta la ciudad en ruinas de los gigantes, seguir el mensaje que ahí encontrarían y que reconocerían al Príncipe porque sería la primera persona en el viaje en jurar por el nombre de él, de Aslan. Jill las memorizó y Aslan la sopló a Narnia, en donde se encontró con Eustaquio. Le contó que tenía que encontrar a alguien conocido, pero él no reconoció a nadie. De pronto un buho se les acercó. Jill le contó (y de paso a Eustaquio) la misión que Aslan les había encargado, y el los llevó a hablar con el regente, el enano Trumpkin. Él estaba muy viejo y a penas oía, pero se enteraron que el príncipe Caspian acababa de partir de viaje, y Eustquio no lo reconoció porque ahora estaba muy viejo. Plumaluz (así se llamaba el buho) les dijo que era mejor no contarle a Trumpkin de la misión, y luego de descansar los llevó a una reunión con otros buhos. Allí les contaron que la esposa de Caspian había muerto por la mordedura de una serpiente, y su hijo, el príncipe Rilian, quién estaba decidido a encontrar y matar a la serpiente, había desaparecido en el mismo lugar, luego de haber visto y ser embelezado por una mujer vestida de verde. Él único que sabía de esta mujer era Drinian, y le contó a Caspian. Los buhos pensaban que la mujer y la serpiente eran una misma persona. Además les dijeron que no le contaran a Trumpkin porque él no los dejaría ir a buscar al príncipe, porque muchos habían ido y nunca regresado.
Al día siguiente partieron al norte. Se toparon con un montón de gigantes que jugaban al tiro al blanco con unar rocas, y pasaron bastante susto pensando que podría llegarles agluna. Caminaron varios días por el Páramo de Ettins hasta llegar a una zona de acantilados. Vieron un gran puente que suponieron creado por gigantes y cruzaron por ahí. Al llegar al otro lado se cruzaron con dos viajeros, un hombre y una mujer. Les preguntaron por la ciudad en ruinas pero ella dijo no saber donde quedaba, pero les dijo que si seguían por ese camino llegarían a Harfang, donde habitaban los Gigantes Amables. El hombre no dijo nada. Luego de mucho caminar por parajes inhóspitos lograron divisar Harfang. Al día siguiente siguieron su camino a través de una tormenta de nieve, hasta que calleron a unas extrañas grietas en la tierra. Anduvieron por las griertas durante mucho tiempo, dando extrañas vueltas. Luego de bastante trabajo lograron salir y llegar a Harfang, y luego de decirle al portero que la Dama de la Túnica verde que habían visto los había enviado, los dejó pasar.
En Harfang los trataron muy bien. Los recibieron cariñosamente, les ofrecieron habitación, conocieron a los reyes y fueron cordialmente invitados al Banquete de Otoño. Tan bien fueron tratados que se olvidaron de su misión. En la noche Jill tuvo un sueño en el que Aslan la tomaba por el cuello y la hacía mirar por la ventana y se leía en el piso DEBAJO DE MÍ. En la mañana miraron y se dieron cuenta que los peñascos por los que habían tenido que pasar decían eso mismo. Decidieron salir de ahí, pero como sabían que no los dejarían se comportaron muy bien, como niños pequeños, para ganarse la simpatía y confianza de los gigantes. Mientras pasaban por la cocina descubrieron que ellos estaban invitados al Banquete de Otoño, pero no para cenar, sino para ser cenados. Esto hizo que apuraran su escapada, y lo hicieron por la misma cocina cuando la cocinera se durmió. Escaparon y los gigantes los notaron y empezaron a perseguirlos, pero lograron escabullirse hasta las ruinas por las que antes habían pasado y entrar en un agujero, el que taparon, por si acaso. Bajaron por el agujero hasta que resbalaron, ya calleron al fondo, donde los recibió una criatura, un guardia, que los obligó a ir donde la Reina de Bajotierra. Los llevó por túneles y huecos hasta una cueva tan grande que no parecía cueva. Vieron muchos animales y criaturas extrañas, e incluso vieron a un ser más grande que cualquier gigante, durmiendo, que luego supieron era el Padre Tiempo. Pasaron de cueva en cueva, siempre descendiendo. Luego los subierona a un barco y después de un largo recorrido, llegaron a una ciudad. Fueron llevados a un castillo, donde fueron presentados ante el governante.
Él caballero les contó que su Reina lo había salvado y lo protegía de un hechizo que todavía lo aquejaba, y que hacía que cada noche se pusiera violento y cambiara totalmente su personalidad. La única manera de acabar con el hechizo era haciéndolo gobernante de una tierra en el Mundo de encima. Siguieron conversando, y cada vez el caballero les caía peor. Al rato aparecieron unos terrígeros que amarraron al caballero a una silla de plata, para evitar que en su maldición pudiera hacer algún daño. Los invitados decidieron quedarse a presenciar el hechizo. El caballero les aclaró que sin importar lo que dijera, no lo soltaran, porque de hacerlo, se convertiría en una serpiente repugnante que acabaría con ellos, según le habían dicho. De pronto empezó a gemir, y a maldecir y decir cosas sin sentido (al menos para los niños). Les dijo que ahora estaba sano, que en las noches estaba sano y que lo soltaran. Les imploró y les rogó, pero no lo soltaron. Luego empezó a ponerse furioso, a prometerles cosas, y les rogó por Aslan que lo sotaran. Era la última señal. Dudaron, pero ya habían fallado las otras, así que se decidieron a soltarlo. Al qudar libre tomó su espada y rompió la silla de plata. Luego se presentó como el príncipe Rilian. De pronto entraron dos terrígeros y luego la reina de Bajotierra. Los miró con furia, pero luego se calmó y ordenó a sus sirvientes salir. El príncipe le pidió a la reina un salvoconducto para salir y volver a Narnia. Ella, a su vez, echó un polvo en la chimenea, que provocaba sueño, y se puso a tocar un instrumento como mandolina. Empezó a conversar pausadamente, diciéndoles que esas tonteras de Narnia y el mundo de encima no existían, que eras sólo parte de sus sueños. Poco a poco el polvo empezó a hacer efecto, y empezaron a quedar vulnerables a el canto hipnótico de la reina, y comenzaron a creer en lo que les decía.
El Príncipe conocía varias salidas, peor nunca había salido sólo. Pero antes de salir, se dieron cuenta que el mar estaba subiendo y los terrígeros se estaban descontrolando: la Bruja había lanzado un hechizo para que a su muerte Bajotierra se destruyera. Salieron y no había ninguno de los sirvientes de la reina. Afuera, rinaba el caos. Tomaron unos caballos y se dirigieron hacia lo que parecía ser un resplandor rojo. La idea era salir por los nuevos túneles que la reina estaba construyendo para apoderarse de Narnia. Montones de gnomos caminaban hacia el resplandor, lo que les impediría pasar. Capturaron a uno para inerrogarlos y que les explicara que pasaba. Al saber que la reina había muerto el gnomo se alegró, y les contó que hace poco se habían sentido libres de un hechizo que los obligaba a trabajar, y que se había abierto una grieta hacia su verdadero país, la Verdadera Tierra de las Profundidades, Bism. El gnomo les enseñó el comienzo del camino a la superficie, que estaba casi terminado, pero no los acompañó (demasiado cerca del mundo de arriba) y se fue hacia su lugar natal, no sin antes invitarlos. Lamentablemente, rechazaron la propuesta. El abismo se hacía cada vez más pequeño, y el agua seguía subindo. Unas luces señalaban el camino, que siguieron por un buen trecho. Llegaron al final del tunel, donde podían ver luz sobre ellos. Subieron a Jill sobre los hombros y pudo divisar un hoyo. Algo (o alguien) atrapó a Jill y la tiró hacia afuera. Lo que pasó es que salió en medio de una fiesta, y los participantes, al notarla, la subieron. Luego subieron a los demás, aunque costó un poco, pues el orificio no era muy grande. Después les dieron de comer y escucharon su historia. Caspian volvió y se encontró con Rilian, y murió luego. Los niños fueron llevados hasta este encuentro por un par de centauros, pero no alcanzaron a hablar con Caspian. Aslan se les apareció y sopló hacia ellos, y aparecieron en el bosque en donde comenzaron su aventura. Allí estaba Caspian, muerto. Pero Aslan lo revivió, y era el mismo que Eustaquio había conocido. Ya era hora que los niños volvieran, y Caspian pidió ver su mundo. Abrieron la puerta, y se encontraron con los matones, a quienes les dieron un lección. Con el tiempo, el colegio Experimental mejoró y llegó a ser un buen colegio, y Rilian tuvo un buen gobierno.
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